He preguntado por mis redes sociales si alguien quería un texto sobre mi viaje de vacaciones 2024/2025, y este es el texto que ha salido.
No prometo hablar mucho de muchas cosas, principalmente porque todavía hay cosas sin resolver y porque otras no sé si deba dejarlas plasmadas donde puedan ser usadas en mi contra.
Marcaré esta entrada con separadores, ya que es más fácil para mí maquetar esta entrada de esa forma.
En su momento, le había dicho a varias personas muy cercanas que sería muy difícil que volviera a pisar Colombia, por varias circunstancias personales. Pero esto cambió, y cambió por insistencia de alguien que iría conmigo en ese viaje.
Yo bien sabía que estaba cediendo en algo que no debería haber cedido y que me iba a costar dicho viaje, pero así y todo quise intentarlo.
En las reflexiones personales, debo decir que, francamente, ese viaje solo sirvió para darme cuenta de cosas que quizás de otra forma no me hubiera dado cuenta y que, con contadas excepciones, me lo pude ahorrar gastándome ese dinero en otro viaje donde sí quería ir o de otra forma.
Pero bueno, a lo hecho, pecho. Así que nada, saquemos en claro lo que salió bien y omitamos el resto.
Una de las cosas que aproveché del viaje fue adquirir tecnología que, entre regalos y otras cosas, pude renovar algunas cosas que ya hacía falta de forma urgente.
También aproveché para disfrutar de algunas personas que conocí, que saludé y que pude compartir momentos.
También, irónicamente, pude retomar contacto con parte de mi familia que hacía años que no veía, y cuando digo años, me refiero incluso a tiempos de infancia.
De novedoso no hubo mucho, pasé más tiempo en casa de la gente que saliendo por ahí, así que eso de conocer sitios y demás, no hubo mayor cosa.
Bogotá fue la ciudad donde más pude conocer y desvirtualizar personas, pasando un rato agradable en esa ciudad. Solo por eso debería darle chance de volver, pero no lo sé y no prometo nada. Aunque no quita que no quiera mantener contacto e intentar trabajar en remoto, ayudando a fortalecer lazos y creando comunidades donde hace falta y donde se pueda, en la medida de las posibilidades.
Colombia me sorprende con muchas cosas agridulces: la falta de datáfonos, el transporte público destruido en Bucaramanga, la falta de inclusión, la forma de tratar a las personas PCD... En serio, Colombia es más provinciana en ese sentido. Volví a escuchar palabras y frases que en Brasil directamente podrías iniciar una demanda por discriminación, etc.
Faltan muchas cosas, francamente, y no hay excusa, pudiendo tomar ejemplo de muchos otros lugares.
Pero no sé qué ocurre con todos estos temas que no terminan de avanzar y no terminan de asentarse en la población en general, cuestiones para un análisis teórico o de otra índole.
Si hay algo que siempre me deja nervioso de los viajes es migración. Aunque, con la única que sabía a ciencia cierta que no iba a tener problemas es con la brasileña, no le tenía fe ni siquiera a la colombiana, a pesar de que soy colombiano.
Eso sí, esta vez no hubo ningún problema con las tres migraciones que tuve que pasar tanto a la ida como a la vuelta, ya que no hice el viaje directo, sino a través de Paraguay.
Una cosa que marca mucho es cuando consigues notar en un mismo trayecto la forma en que te trata una aerolínea si viajas en clase turista o clase ejecutiva. A la ida, solo agua, y eso porque la pedí; a la vuelta, agua directamente apenas me senté en el sillón, además de la cena y otras cosas.
La atención no deja de ser personalizada, de todas maneras eres PCD que necesitas ayuda, pero es distinta, diferente.
Ahora entiendo por qué viajar en clase ejecutiva es algo adictivo y debería probarse por lo menos una vez en la vida.
Eso sí, hay que estar por lo menos en ropa algo formalita. Algunas aerolíneas tienen código de vestimenta, aunque Avianca no tiene ninguno, por lo que supe y pude preguntar, lo que no quita que tampoco sea recomendable ir en jeans y camiseta.
Fue un viaje donde descansé, intenté no amargarme el rato, la pasé bien en otros momentos, etc. Por lo menos sirvió para desconectar y parar un poco en cinco años que llevaba sin parar, pero que pude usar en otro lugar tanto el tiempo como el dinero, pero que no hay forma de hacerlo ya.
Los PCD también hacemos turismo, también alquilamos hoteles, usamos el transporte público, consumimos en general; si tienes un negocio de este tipo, invierte en formación, en atención al cliente y en entender que no por ser PCD dejamos de ser clientes y que podemos ser tan comprensivos o exigentes como el que más, dependiendo de la personalidad de cada quien, pero que si nos tratas bien, te vamos a recomendar o a denigrar si nos tratas mal, como cualquier otro cliente de tus establecimientos.
Gracias por leerme.